martes 27 de julio de 2010

Mucho me temo que yo no le voy a pertenecer a nadie.

Y me gustaría hacerlo, de verdad. Yo siempre creí que no era capaz de amar. Desde pequeña, o cuando empecé a tener edad de que me gustaran los chicos. Raras veces me encapriché de alguien. Supongo que tuve mis berrinches, pero soy trágicamente racional, y un mínimo fallo en mi amor platónico suele lanzarle de bruces al cubo de la basura real.

Not real pinces, girls. Not even one.

Y luego va y amé. Amé. Con mayúsculas, pajaritos, ausencia y todas las variantes y añadidos. Con baches, con renacimientos, con primaveras y con inviernos. Hice daño, me hicieron daño. Y al final, cuando salía algo de luz, cuando parecía que todos los imposibles se iban a hacer posibles, cuando la distacia se iba a convertir en horas de sobra y mañanas de café y sábanas, me rompieron como una taza de porcelana.

Yo he llorado por amor. Pero no sabía que era capaz de llorar hasta tal punto. Quizá porque no me esperaba que cuando todo va bien de repente, en 24 horas, se pueda dejar de querer a alguien. Porque yo, cuando he tenido reveses, he dado muestras semanas antes de que se descalabre algo. Porque, sencillamente, cuando me esperaba que algo saliera bien, y un paso a positivo de forma definitiva, se echaron atrás y me quedé sola al saltar al vacío en el trapecio.

Y yo no soy circense, ni sé caer en un vaso de agua a doscientos metros de altura.

Y me rompí.

Y sigo rota. Es difícil confiar en que de verdad se te quiere cuando se te ha dejado de querer con la facilidad con la que se cambia de camisa. Es difícil creer si cuando empiezas a dejar atrás el miedo y los recelos te vuelves a dar cuenta de que no eres la única, y que no eres tan especial como pensabas. Te das cuenta de que las palabras son muy bonitas, y tú una imbécil confesa. Porque te vuelves a romper cuando empezabas a tener alguna clase de forma.

No creo que pueda volver a confiar tan plenamente. A amar tan plenamente. A abandonarme y no tener miedo. Tengo taras de uso, y no sé si tienen arreglo.

Me veo al lado de alguien, creo que soy una buena pareja. Se me dan genial los detalles justos, y puedo ser un verdadero osito de peluche. Pero cuando me meta en la cama, y me de la vuelta para dormir, me voy a sentir sola, ajena e incompleta.

Rota.

Y creo que ya se han perdido algunos pedazos en el camino.



Âme Noire

4 Monedas en mi sombrero...:

Jorge dijo...

Y lo que queda por romperse.

Sin sorpresas.

Mejor así que él en tu prisión y tú en la suya. Con los años, pufff

Amaste? ni de coña

Amar es eso que dices: abandonarse...pero no a una persona, a todo. Que puto salto al vacío es eso?

Lo tuyo es lo de la mayoría: un sadomasoquismo light

Âme Noire dijo...

Perdona, Jorge, pero esta vez no estoy para tus gilipoyeces pretenciosas. Si quieres ir de entendido filósofo experimentado, vete a un blog que hable de alguien que se queje de que no le pasan los pantalones. Hoy esto son sentimientos, puros y duros, si quieres joder, hazlo en un cuaderno en tu casa y te lo cuelgas en la pared.

Psé dijo...

Buenas, hace tiempo que sigo tus blogs (llegué a través del de Aziliz)y dejo aquí mi primer comentario para darte ánimos (sinceramente, aunque no te conozca de nada), porque sé lo que duele lo que describes. En mi muy escasa esperiencia en amores solo he obtenido finales bastante catastróficos.
Espero que te equivoques, que puedas "arreglarte", y que la próxima vez tengas más suerte, de verdad.

emedemaria dijo...

Si vols... Et puc deixar un tubet de superglue. Promet que de vegades funciona.

:)